ENTONCES EL POETA LLORÓ




...entonces el poeta lloró.

Y su llanto era más amargo que las aguas de Mara.

En sus lágrimas había un hondo pozo de sufrimiento.

En sus lágrimas había un sollozo tímido de pavor




« Aquí descansaré » Pensó.


Era la sombra del encinar su gran fortuna,

porque la sombra del universo no estaba con él.

Eran las mariposas amarillas, mensajeras de sus pensamientos.

Pero volaban hacia el mar y no al Edén.





« Espíritus viajeros,
equivocan el camino del dolor » dijo cuando las vio.


Raídas sus ropas y espinados sus pies,

lloró por las cuatro grandes amarguras;

Por la soledad y el dolor, 

por la tristeza y el desamor


Sus caminos eran caminos de fuego.

En cuya orilla las brasas de la luz se apagaban.

En cuya faz las piedras se abrían paso entre el lodo ruin.

En cuyo inicio se enclavaba también su propio fin.





«Insensatez del alma es correr,
correr sobre el camino del amor » se dijo.


Viejos sus libros, viejas sus memorias.

Viejas sus notas, gastados sus recuerdos.

Lloró el poeta y guardó sus lágrimas en sus rotos bolsillos

y al encinar le regaló ocho suspiros sin brío.




« Quédatelas hermano mío,
hermano árbol, rebosa tu copa con mi voz» le sugirió





Era la sombra de aquel árbol su amigo.

Eran las aves que cantaban en sus ramas,

la canción más hermosa que el mismo canto.

Porque el poeta estaba solo y lloraba consigo.


Y lloraba porque el alma de un poeta siempre llora,

Cuando la injusticia le arrebata la inspiración de su alcoba.

Cuando la alcoba se echa a dormir sin ningún rezo.

Cuando el rezo vela la noche entera un dolor.




« Insensatez del alma es correr » Repitió
« Correr sobre las nubes de la soledad,
es mejor dormir sobre las hierbas del desamor » 


Oh cuan amargas fueron las horas de su llanto,

Salió el sol y se puso de nuevo sin fijarse en él

Oh cuan amargas fueron las horas en la sombra

Cuan amargo fue el frío que se coló bajo su manto.


Entonces el poeta se recostó sobre la hierba 

y la hierba le susurró en sueños una oración.



«Alabado seas tú poeta. Tú, que lloras.
Y que has recibido hoy consolación. » 



Angel EC Chub

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